Ni bien amaneció partimos en busca de nuestro propio árbol de navidad. Una tormenta de nieve empezaba a azotar al continente europeo. Aquella fue una de las olas polares más intensas. Fuimos con el coche hasta donde pudimos y seguimos el resto a pie. Elegir el árbol perfecto es todo un ritual en Dinamarca. La nieve nos llegaba a la cintura y teníamos los pies congelados, sin embargo estaba a punto de cumplir uno de mis grandes sueños viajeros: vivir una “White Christmas”. Nada podía fallar.

Navidad en Dinamarca: Viviendo como un vikingo en La Perla del Báltico.

En Dinamarca la navidad es una de las celebraciones más importantes del año. Los preparativos comienzan temprano en septiembre, las ciudades ya están completamente decoradas desde noviembre y muchos rituales se dan inicio en los primeros días de diciembre. Por eso la navidad en Dinamarca (o quizás Escandinava), es una de las más fascinantes del mundo (al menos para mi).

Por aquellos años yo estaba radicado en el país de los vikingos. Compartía un piso en Copenhague con mi pareja de aquel entonces, Ems. Ella venía de una ciudad pesquera llamada Rønne, ubicada en la isla de Bornholm (también conocida como “La Perla del Báltico”), donde vivían sus padres los Sørensen. Allí decidimos pasar las fiestas aquel año. Si buscan la isla en el mapa van a ver que queda al sur de Suecia y efectivamente para ir desde Copenhague (o cualquier otra ciudad danesa) hay que cruzar por el país vecino.

Isla de Bornholm en el báltico
Isla de Bornholm en el báltico

Cómo llegar

Hay cinco formas de llegar a la isla desde Copenhague. La más directa es el avión que,  dependiendo de la fecha, pueden encontrarse vuelos ida y vuelta por alrededor de 100 dólares y tarda unos 35 minutos. También se puede viajar en el ferry nocturno desde Køge, al sur de la capital danesa. Sale a las 12.30 de la noche, llega a las seis de la mañana y cuesta alrededor de 60 dólares ida y vuelta. Las demás alternativas no son tan directas, pero permiten disfrutar de un viaje por Suecia, atravesando el famoso puente de Øresund y un mini trip en uno de los ferries más rápidos del mundo. Para esto hay que irse primero hasta la ciudad sueca de Ystad. En coche se tarda alrededor de una hora y en bus una hora veinte y cuesta 15 dólares por tramo (30 dólares ida y vuelta). En tren, saliendo desde benhavn H (Estación Central), cuesta 30 dólares ida y vuelta. Una vez en Ystad hay que tomar el ferry de una hora y veinte, que cuesta 22 dólares ida y vuelta. El viaje promedio en estas últimas opciones es de 3 horas, contando la espera en el puerto de Ystad.

The day before Christmas

Llegamos a Rønne durante la madrugada del día anterior a navidad (que en Dinamarca es el 23 de diciembre, ya que a diferencia de la mayoría de los países cristianos, donde Jesús nació el 25, en el país vikingo lo hizo un día antes. Sin embargo, para mi, la navidad tiene poco que ver con una tradición religiosa). Ni bien llegar, nos avisaron que teníamos un par de horas para dormir antes de partir directo al bosque a cortar el árbol.

La ciudad de Ronne cubierta de nieve en Navidad

El árbol

El árbol en Dinamarca es muy importante, pero en Rønne es incluso más. Si bien en las afueras de Copenhague hay plantaciones de “piceas noruegas” (que es el famoso árbol de navidad que en Argentina replicamos en plástico y metal), la mayoría lo compra ya cortado en mercados navideños e incluso los supermercados. En cambio, en Bornholm, la gran mayoría de isleños lo cortan de bosques previamente planteados con este tipo de árbol (sólamente para uso navideño) y son pocos lo que lo compran cortado.

Partimos temprano en dirección al bosque. Éramos seis. La nieve caía cada vez mas fuerte. Si buscan en internet sobre la ola polar durante la última semana de diciembre de aquel 2010 en Europa, van a encontrar que el lugar más afectado fue Bornholm. “Si te gusta algún árbol ponele un guante en la punta para reservarlo”, me dijeron al llegar y así lo hice. Después de haber recorrido el lugar exhaustivamente y entre todos haber repasado todos los árboles reservados, elegimos uno (no fue el mío) y lo cortamos. Repito, estos bosques están plantados puntualmente con este tipo de árbol y con este fin. No son bosques cualquiera. Para cuando emprendimos la vuelta, la nieve nos llegaba a las rodillas.

Los árboles navideños se cortan en el bosque en Bornholm
Los árboles navideños se cortan en el bosque en Bornholm

Una vez en la casa lo decoramos con velas, piñas de pino y galletitas de jengibre con formas navideñas y lazos de colores. En la punta pusimos un ángel de tela bordado, que había pertenecido a la abuela de Ems (fallecida el año anterior). Así nos fuimos a dormir. Seguía nevando. Faltaban pocas horas para navidad.

Christmas Eve

En Dinamarca como en muchos otros sitios la tradición es despertarse y abrir los regalos que fueron dejados previamente bajo el árbol por el Julemand (hombre de navidad en danés), que es una versión verde, roja y gris del Santa Claus rojo y blanco popularizado por Coca Cola en 1931 (¿No lo sabías? Mind-blowing ¿no?), pero el más pequeño de los Sørensen ya tenía quince años, así que todo el ritual del gordo bajando por la chimenea había dejado de ser cierto hacía tiempo en aquella casita roja del número 4 de la calle falsterbovej.

Calle donde se encontraba la casa de los Sørensen en Rønne
Calle donde se encontraba la casa de los Sørensen en Rønne

Tradiciones culinarias

Comenzamos con un desayuno navideño repleto de todo tipo de cereales, frutas y frituras (bacon, scrambled eggs, salchichas y todo producto que pueda tapar las arterias). Lo cierto es que así era un desayuno normal en la familia de Ems, la única diferencia era que desde las ocho de la mañana, una lista en iTunes repasaba, como música de fondo (pero bastante alta), todas las canciones navideñas conocidas, que se fueron repitiendo todo el día hasta la hora de dormir. Ellos vestían ropas con motivos navideños. Yo, que todo mi placard (sino mi vida) entraba en una mochila de 68 litros, no tenía, así que Anders (padre de Ems) me prestó uno de los suyos, que me quedaba un mundo de gigante (pues él vikingo, y yo Javi).

El almuerzo en Dinamarca es muy austero. Por lo general consiste en el “Smørrebrød” que significa literalmente “pan con manteca”. Es una lámina de pan de centeno con algún preparado arriba (atún, jamón, tomates con pimienta entre otras cosas). Navidad no fue la excepción.

La cena allí es a las seis, así que alrededor de las cuatro ya comenzaron a llegar los primeros familiares  invitados y, junto con ellos, las bebidas y tentempiés.

Cada uno tiene su lugar asignado durante la cena de navidad

Una de las comidas navideñas típicas es el cerdo asado. Por supuesto comimos cerdo asado. Otra comida típica es el pato asado. Por supuesto también comimos pato asado. No querían que faltase nada que mostrarle a este forastero escéptico de fiestas religiosas. No puedo negar que fue una de las mejores cenas de mi vida. Los sabores, las salsas, las variedades de guarniciones que van desde los puntos más picantes, hasta extravagancias como papitas hervidas bañadas en chocolate con chilli (No, no es rico. Lo siento).

Juegos navideños

Una de las particularidades danesas son los juegos. Si bien hay muchos, yo me voy a concentrar en dos. El primero es el “Risalamande”, que significa “arroz con almendras”. Es un postre típico navideño de arroz con leche y almendras picadas, cubierto de una salsa de frutos rojos o frutilla no apta para diabéticos. Pero…¿dónde está el juego? En el gran recipiente donde se prepara, y previo a servirlo, se esconde una almendra  (una sola), entera. Al comensal que le toque esa almendra se lleva de premio un regalo comprado por el anfitrión, pero pagado por todos. El juego no termina hasta que alguien encuentre la almendra, repitiendo porciones hasta entonces. Pero picaros de por medio (si no sabremos de eso los argentinos), y siendo, extrañamente, cada año igual de “ocurrente” que el anterior, aunque ya no sea sorpresa para nadie, alguien siempre la esconde, resultando en un exceso de azúcares para todos hasta dejar el recipiente vacío. Redondos y gordos, así quedamos todos.

El segundo juego es más elaborado y ya un clásico navideño en mi familia argentina. Cada grupo familiar debe llevar, al menos, diez regalos (baratitos) envueltos, que nadie debe conocer, de los cuales dos tienen que ser un poquito menos baratitos, pero baratitos al fin. Al comenzar, todos los regalos deben estar sobre la mesa y los invitados sentados. Se comienza tirando un dado en turnos siguiendo las agujas del reloj. Al sacar el numero “1” la ronda cambia de dirección, al sacar el numero “6”, se debe tomar un regalo de la mesa. La primera ronda termina cuando se agotaron todos los regalos. La segunda dura 10 minutos y las reglas son las mismas, con la diferencia que esta vez al sacar un “6” se debe robar el regalo (todavía sin abrir) de los demás. Al terminar la segunda ronda cada quien abre los regalos obtenidos hasta el momento. Los regalos deben estar siempre visibles para todos. La tercera y última ronda también dura diez minutos y funciona igual que la anterior pero con la diferencia de que ahora los regalos se eligen sabiendo qué es cada cosa. Al finalizar los 10 minutos cada uno se queda con los regalos que obtuvo. Y que comiencen los reclamos.

Santa Claus is coming to town.

Los árboles navideños se cortan en el bosque en Bornholm
Los árboles navideños se cortan en el bosque en Bornholm

Una vez terminado los juegos y la cena viene la entrega de regalos oficiales. Para estos se lleva a cabo un sistema (o al menos casi todos los daneses que conozco utilizan este u otro sistema similar), en el que en septiembre (a veces antes) se debe entregar una lista con entre 5 y 10 cosas que uno pretende recibir. Esa lista luego es repartida por todos aquellos que vayan a asistir a la cena de navidad (si, para septiembre ya se sabe dónde y con quién se celebrará navidad, y no, no es posible agregarse a una reunión pasado septiembre, ya que colapsaría todo el sistema danés de planificación de eventos con meses de antelación).

Uno termina recibiendo todo lo de la lista, ya sea pequeño o grande (aquella fiesta personas recibieron televisores led gigantes o consolas de videojuego carísimas), ya que los gastos se termina repartiendo entre todos. ¿Yo? Escribí una sola cosa: Paz en el mundo. ¡No! ¡Mentira! Pedí la camiseta titular de la selección argentina que todavía no me la había comprado en ese entonces. Me trajeron eso y unas 9 cosas más (entre ellas un jersey navideño para usar al año siguiente y que aún conservo). Pero la parte más interesante y, quizás, surrealista de la noche, llega después de los regalos.

Rockin’ around the Christmas tree

Y de repente todos se pusieron de pie y se pararon en ronda alrededor del árbol. Me llamaron. Se repartieron gorritos navideños a los que todavía no teníamos uno puesto. Se apagó la lista de iTunes. Todos nos tomamos de las manos y comenzamos a dar vueltas cantando villancicos. No sabría cómo explicarles lo que sentí en ese momento. La fascinación por la cultura de los otros es una de mis grandes motivaciones a la hora de viajar. Pero mi interés por lo religioso es meramente antropológico y nada tiene que ver con la fe, por lo que me sentí un hipócrita, pues las canciones claman la llegada del hijo de un dios en el que no creo.  

Bailando alrededor del árbol de navidad
Bailando alrededor del árbol de navidad

Al principio me costó un poco participar pero fui dejando mis prejuicios de lado y entendí que la navidad es mucho más creencias religiosas, sin importar cuales sean. Se trata de unión, de cofradía, como ya dije en algún otro articulo. Sólo entonces pude soltarme y ahí comenzó toda la diversión.

Finalmente nos abrazamos todos. Estábamos borrachos. Despedimos a los familiares que habían asistido a la fiesta. Luego nos fuimos al patio e hicimos angelitos en la nieve. Al otro día había que levantarse temprano, pues se repetía todo, pero con amigos. Y mientras tanto seguía nevando en Dinamarca.

 

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