Una tarde de julio de 2009 Aldana (profesora de geógrafa social, periodista y editora) y Dino (ingeniero en sistema y mago) decidieron tomar una pequeña/gran decisión: decidieron ser los dueños de sus vidas. Dejaron gran parte de lo que tenían y lo que hacían y se dedicaron a hacer lo que más les gusta: viajar, escribir, fotografiar y hacer magia. Luego de muchos viajes cambiaron su forma de vida. En su blog Magia en el Camino relatan el mundo que van descubriendo a través de su gente y sus detalles.

En ese camino recorrido los pies de Dino pasaron por 50 países, los de Aldana por 49 y los del pequeño Tahiel -su primer hijo de 4 años- ya pasaron por 15 países.

Magia en el Camino comenzó como un sueño que generó muchos sueños más. Un blog de viajes, un estilo de vida y un proyecto mágico por el mundo. En un nuevo #LunesQueInspiran les comparto la historia de esta familia argentina de trotamundos. Espero que disfruten la entrevista!

Entrevista a los autores de Magia en el Camino

• ¿Cómo se conocieron?

Nos conocimos hace más de 18 años en un recital de Charly García, de los que se hacían gratuitos en Costanera Sur (Buenos Aires). Era una tarde de verano de 1999 (Guau! jaja) y mis amigos me llamaron por teléfono (no era nada común el celular) para insistirme en que vaya al recital. Yo no quería, pero insistieron tanto que fui. Nos paramos bastante lejos del escenario y al lado mío estaba Dino con un amigo (que en la actualidad es mi cuñado). Parecía a propósito, pero todo el mundo quería pasar entre nosotros dos y así fue como se cruzaron nuestras miradas y empezamos a charlar. Y no paramos desde ese momento.
Ese verano yo había vuelto de un viaje por el sur y de otro por el norte del país, con amigos. Desde el siguiente verano siempre viajamos juntos.

  • ¿Cómo es viajar en pareja?

Fueron tantos viajes que ya no recuerdo cómo es viajar de otra manera que no sea en pareja. Creo que las ventajas o desventajas que pueda haber dependen de la pareja y de la personalidad de cada uno. Para los que recién empiezan a salir o todavía no conviven, viajar juntos puede ser una de las mejores maneras de conocerse más, ya que se dispone de más tiempo (y uno está más relajado) para conversar de todo. Además, uno puede ver cómo se desenvuelve el otro en ciertas situaciones.

Creo que el éxito del viaje en pareja está en respetar los gustos y tiempos de cada uno (igual que el éxito de la pareja fuera de los viajes)

Viajar con tu pareja implica estar las 24 horas del día juntos, ceder en determinadas cosas y gustos, aprender a no discutir por cosas que no tienen sentido, aprender a compartir, “perder” algo de la libertad que te da viajar solo, tener recuerdos compartidos, etcétera.
Creo que, como casi en todo en la vida, que tenga más ventajas que desventajas depende de cada uno.

  • ¿Cómo fue que decidieron dejar todo y vivir viajando? 

Nada fue fácil (ni lo es). Pero siempre hay que tener en cuenta que la vida de casi nadie es fácil. No sé si estábamos muy seguros de lo que queríamos para nuestras vidas, pero sabíamos muy bien lo que no queríamos.

No queríamos que los días fueran todos iguales e intrascendentes. Queríamos irnos a dormir cada noche con algo del día que valga la pena recordar. Desde que lo conozco, Dino siempre hace un ejercicio: todas las noches, cuando se va a dormir, piensa en lo que hizo ese día y trata de diferenciar lo que valió la pena. Si tus días no tienen muchos de esos momentos, si no sabés qué recordar a la noche, algo anda mal.

No queríamos renegar de cada lunes y esperar ansiosos cada viernes. Nuestra vida no podía basarse en esperar el fin de semana. Queríamos que todos los días fueran cualquier día. Que podamos elegir nosotros cuándo sentirnos de “fin de semana”.

No queríamos formar una familia y no tener tiempo suficiente para estar con nuestro hijo.

No queríamos arrepentirnos de no haber intentado ir por nuestros sueños. Y como no queríamos nada de esas cosas decidimos tomar esa pequeña/gran decisión.

  • ¿Cómo era su vida antes de la decisión?

Éramos una pareja de clase media de la Ciudad de Buenos Aires, con 34 y 39 años. Una edad en la que las cosas ya suelen estar encaminadas y donde los cambios se viven de manera más intensa. Simplemente porque suele haber un cimiento más fuerte que cuesta más abandonar. Ya sea desde lo material (uno suele tener más cosas para dejar) o desde lo sentimental (uno suele tomar conciencia de sentimientos que a más corta edad no aparecen).

Nuestros estudios universitarios (ingeniero en sistemas, Dino, y profesora de geografía social y periodista, Aldana) nos permitían trabajar de nuestras profesiones. Teníamos un pequeño departamento, un auto y nuestros sueldos a fin de mes. Sabíamos cuánto ingresaba por mes y era más fácil planificar lo que queríamos hacer con ese dinero. Casi todo nuestro dinero estaba destinado a viajar. Ahorrábamos todo el año para hacer un viaje en el verano. Era un ahorro intenso. Nada de salidas caras ni ropa ni cremas ni peluquería. Solo gastábamos en lo más básico. Pero los viajes que podíamos hacer eran cortos, del tiempo que duraban nuestras vacaciones laborales (al que le solíamos agregar alguna semana sin goce de sueldo). Cada regreso era un drama y siempre nos quedábamos con gusto a muy poco.

Entre esos viajes, hubo uno que nos marcó más de la cuenta. Fue a China. Cuando volvimos, Dino no era el mismo. Su agotamiento laboral estaba en aumento día a día y, al mismo tiempo, se iba reflotando ese deseo adormecido de vivir viajando. Un sueño que tenía desde pequeño, desde que decidió no tener nunca un jefe.

Ese sueño era como el de muchos: salir a recorrer el mundo sin fecha de retorno (su eterna definición de libertad). Eso implicaba volver porque queríamos volver y no porque teníamos que volver

Se fueron dando una serie de acontecimientos, entre los que estuvo la pérdida de un embarazo de tres meses, que nos llevaron a tomar esa pequeña/gran decisión.

Nada fue muy fácil en el camino. Las voces de que estábamos locos y de que ya éramos grandes para hacer eso se levantaron como un huracán. Pero si solo le hacemos caso a nuestros deseos y todos los días nos preocupamos por realizar pequeñas acciones que nos lleven a nuestro objetivo, la recompensa al final es muy grande. Como dice Dino en una parte de nuestro libro:

Loco estaba antes cuando cada mañana era un suplicio abandonar mi cama para ir a hacer algo que no me hacía sentir ni bien ni libre ni feliz. Loco estaba cuando la mayor parte de mis días estaba ocupado con preocupaciones laborales. Loco estaba cuando vivía pensando en lo que quería hacer y no lo hacía

Esa pequeña/gran decisión que tomamos una tarde nos permitió vivir de una manera mucho más cercana a lo que consideramos que es como queremos vivir. Una decisión que empezó con algo muy pequeño y que generó otras cosas muy grandes. La tarde de julio de 2009, sentados a la mesa de casa, conversando sobre lo que se venía, no nos imaginamos todo lo que después fue Magia en el Camino.

Ese primer viaje duró 18 meses, incluyó parte de Europa, Asia y un recorrido de Venezuela a la Argentina a dedo presentándonos con nuestro proyecto social. Después vinieron 3 meses de viaje a dedo por África presentando el proyecto; varios viajes cortos por la Argentina; un hijo; un libro; una charla TEDx y otras charlas motivacionales; 7 meses por Europa como familia viajera y más viajes cortos por el país y países vecinos

Dino dejó de ser ingeniero para convertirse en mago. No fue de un día para otro, pero fue un intenso e interesante proceso que contamos bien en nuestro libro. La magia nos acompañó desde el primer día. La idea al principio era que solo fuera una herramienta de financiamiento, pero a los pocos días de haber llegado a nuestro primer destino, Brasil, y de visitar, sin tenerlo planeado, unas escuelas rurales, nos dimos cuenta de que era una herramienta de conexión increíble con las personas y que sería parte de nuestra vida para siempre.

A veces me cuesta contar nuestra historia sin caer siempre en lo mismo. Pero después pienso que todas estas historias hablan de lo mismo. De gente que un día se animó a soltar las ataduras y parte de su comodidad y decidió ir por sus sueños. No importa cuál sea tu sueño, lo importante es que intentes cumplirlo

Como dice Joaquín Sabina: “No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca, jamás, sucedió”.

  • ¿Qué temores y prejuicios tenían?

Uno de los temores que le fueron surgiendo a Dino en el camino durante ese primer viaje largo fue “¿y después, qué?”. Era una de las crisis existenciales que tuvo mientras viajábamos. Y al volver nos dimos cuenta de que podíamos seguir haciendo lo mismo que hacíamos en los viajes en cualquier lado. Que él no tenía que volver a “ser ingeniero” y que podía seguir siendo mago. Y así fue.

A mí no me surgió esa duda existencial porque mi trabajo de editora y periodista me permite trabajar desde cualquier lugar y yo sabía que a mi regreso de ese primer viaje largo podía seguir haciendo lo que me gustaba sin volver a mi estilo de vida anterior.

Con respecto a los prejuicios, no recuerdo ahora algo puntual.

Nos fuimos con mucha confianza en nosotros y en las personas con las que nos íbamos a cruzar en el camino. Sabíamos que parte de la Magia en el Camino era eso, encontrarse con el otro, conocer los lugares a través de su gente y ser permeables a la solidaridad de quien nos crucemos

Creo que sí nos fuimos con los casetes (¡qué antigüedad!) con los que todos nacemos, esos que nos dicen que nosotros somos de una manera y que los demás son de otra, buena o mala. Y una de las cosas que más aprendimos en los viajes es tratar de no repetir esos casetes. En la parte educativa de nuestro proyecto social intentamos compartir con los chicos (y grandes) del mundo, cómo son otras culturas justamente para intentar sepultar esos casetes que lo único que hacen es contribuir a la falta de tolerancia y a la discriminación hacia el que es o piensa distinto.

Siempre decimos que la ignorancia es la madre de la intolerancia, por eso si uno conoce, es más tolerante. Y viajar te permite eso: conocer. Pero como siempre decimos, el solo hecho de viajar no genera esos cambios o esos conocimientos, el viaje te cambia si uno está dispuesto a que te cambie
  • ¿Cómo es viajar ahora con Tahiel, en familia? ¿Qué cosas cambiaron?

Viajar con Tahiel es hermoso, entretenido, intenso, agotador y muchos etcéteras más. ¿Qué cambió? Cambió todo. Así como te cambia la vida cuando tenés un hijo (una de las frases más hechas y más verdaderas que alguna vez escuché y que solo se entiende una vez que tenés un hijo), te cambia todo en los viajes. Ya no es más un viaje con la libertad que tenías al viajar solo o en pareja, ya todo gira y depende de tu hijo. Sobre todo cuando es bebé o niño pequeño. Esto no quiere decir que no se disfrute el viaje, al contrario. Pero es otro viaje y se disfruta de otra manera.
Es como tu vida. Es otra vida, totalmente diferente a la anterior, pero esto no quiere decir que sea mejor o peor, es otra. Yo siempre hablo de mi vida a.T (antes de Tahiel) y mi vida d.T (después de Tahiel). A veces extraño algunas cosas de mi vida a.T, pero no cambio por nada del mundo mi vida d.T. Sobre todo porque el cambio de vida que hicimos nos permite darle tiempo de calidad y compartir con él miles de cosas. Es una elección de la que no nos arrepentimos. Sabemos que es muy importante para él. Como todo en la vida, las cosas se van acomodando y, de a poco, uno vuelve a poder retomar sus “viejas” actividades.

Lo importante cuando vas a viajar con niños es que los adultos cambiemos el chip (a mí me costó mucho al principio) y que siempre tengamos presente que “nuestras necesidades no son las de ellos”

Si se paran en el camino diez veces para hacer rodar el autito y vos te estás muriendo de calor y lo único que querés hacer es volver al hotel a ducharte y descansar ese es tú problema, no suyo. Él tiene la necesidad de parar y tirar el autito diez veces en el camino. Si uno no se enoja ni se pone nervioso y comprende eso, tiene gran parte del juego ganado. En el blog hay mucho sobre nuestra experiencia de viajar en familia, tanto lo positivo como lo agotador. No me gusta idealizar ni la maternidad ni los viajes, por eso me gusta contar las dos cosas.

  • ¿En qué consiste el proyecto mágico?

Al principio lo llamábamos proyecto educativo/mágico porque visitábamos escuelas (sobre todo rurales), orfanatos, hospitales, asociaciones de menores, etcétera y nos presentábamos con una charla y proyección de fotos en la que conversábamos sobre la posibilidad de cumplir los sueños y donde tratábamos de acercarles otras costumbres que habíamos vividos para, como decíamos antes, acortar la brecha del desconocimiento hacia el otro y promover la tolerancia. Luego de la charla siempre había un show de magia. Pero en los últimos años, sobre todo a partir del nuevo integrante de Magia en el Camino, solo hacemos la parte del show de magia y le agregamos, en los lugares que se puede, el taller de magia. Es una gran experiencia.


Salvo que visitemos algún lugar donde previamente arreglemos dar la charla, por ahora nos abocamos a arrancar sonrisas y a que los chicos se queden con alguna enseñanza sobre el arte de la magia, que va más allá de aprender a hacer un “truco”.

  • ¿Cómo financian sus viajes?  ¿Qué hacen para ahorrar? 

Hemos logrado hacer lo mismo cuando viajamos y cuando no viajamos. Eso nos permite flexibilidad y poder trabajar desde cualquier lugar. Claro que cuando estamos quietos trabajamos más para poder ahorrar algo.

Dino trabaja como mago, tanto a la gorra en un bar, como cuando lo contratan para un evento. Además, hace talleres de magia para chicos y adultos.
Yo me dedico al periodismo de viajes: genero contenidos de viajes para algunas revistas impresas y algunas webs, y a la escritura y edición de libros de texto de ciencias sociales.

Los dos vendemos nuestro libro de viajes, que se llama “Magia es Viajar”. Al ser una producción independiente (lo escribimos, editamos y publicamos nosotros con la ayuda de amigos que lo diagramaron y nos diseñaron la tapa), toda la ganancia queda para nosotros. Su venta es una de las entradas que más nos ayuda durante los viajes.

  • ¿Qué vamos a encontrar en el libro Magia es Viajar? ¿Cómo se lo puede conseguir?

“Magia es Viajar” es un libro inspirador

Cuenta cómo fue que tomamos la decisión de cambiar nuestro estilo de vida, cuenta nuestras vivencias por el mundo, que te hace pasear por todas las emociones, donde reflexionamos sobre lo que sentimos y vemos en el viaje, sobre las culturas con las que nos cruzamos, sobre las vidas de quienes nos llevaron a dedo, sobre la solidaridad que siempre encontramos, donde transversalmente se acompaña la transformación de Dino de ingeniero a mago, en el que compartimos las experiencias de hacer magia en un orfanato de Tailandia, en una aldea de bosquimanos en Botswana, en una comunidad de pueblos originarios en Mozambique o en una escuela de Ecuador y donde el lector puede conocer por qué el camino tiene su propia magia.

Recibimos muy lindos mensajes de gente que lo leyó (que siempre nos da vergüenza publicar), pero que nos reconfortan y nos llenan de energía para seguir.

Lo vendemos a través de nuestro blog, donde hay un formulario para completar o pueden escribirnos un mail a libro@magiaenelcamino.com.ar El libro tiene casi 400 páginas y cuesta 250 pesos. ¡Es un excelente regalo y autoregalo!

Para leer la contratapa, conocer más del libro y pedirlo pueden ingresar en este link.

  • ¿Cómo definirían la palabra viajar?

Viajar para nosotros es sentirnos libres. Decimos sentirnos porque creemos que uno nunca es verdadera y literalmente libre, porque siempre está “atado” a algo, aunque sea a ciertos afectos.

Por eso cuando viajamos nos sentimos libres y esa libertad nos permite estar más permeables a lo que nos pasa, nos permite sentir. Viajar también es sentir
  • ¿Me recomiendan un libro viajero inspirador?

A nosotros nos gustó mucho Ébano. Ideal para leer antes de viajar a África.
Y Cisnes Salvajes, para conocer la historia de China a través de tres generaciones de mujeres de una misma familia. Muy bueno.

  • ¿Qué próximos viajes o proyectos nuevos tienen pensados?

La idea es seguir llevando magia por el mundo y seguir comprobando por qué Magia es Viajar. Este año tenemos pensado hacer dos o tres viajes cortos por el país para presentarnos con el proyecto mágico, posiblemente Iguazú y Bariloche.
Durante enero y febrero la idea es instalarnos en Puerto Madryn y después estamos pensando en algo más grande, pero todavía no sabemos muy bien por dónde.
Además, estamos con el proyecto de escribir nuestro segundo libro. Tenemos muchas ideas, pero vamos lento.

  • ¿Un consejo para los que se van a lanzar a la aventura del viaje o los que lo están pensando?

Que se animen, que den el paso, porque nunca se sabe lo que hay detrás de ese paso.
Que no tengan miedo al que dirán ni al futuro, porque siempre alguien hablará mal de lo que hacemos y ese futuro no sabemos si existe.

Que salgan y conozcan la magia que tiene el camino. Que se muevan, porque si se mueven pasan cosas

Que viajen, que el “mundo está ahí para llenarles la cara de gestos y el cerebro de surcos”.

Si tienen hijos, no dejen de animarse a viajar con ellos. Viajar con niños es agotador pero tenerlos en la casa también. ¡Así que es preferible agotarse mientras viajamos! No es necesario que sean grandes viajes ni muy lejos de casa, lo importante es salir con ellos, experimentar otras actividades y compartir tiempo de calidad y experiencias que pueden ser difíciles de lograr en el día a día. El viaje les permitirá un mayor acercamiento y conocimiento entre los miembros de la familia, es una de las mejores maneras de aprender sobre el mundo que nos rodea, es una forma de que los niños se vuelvan más sociables, adaptables y flexibles, y es una manera de enseñarnos a los adultos a disfrutar de otras cosas.

Muchas gracias Aldana y Dino por la entrevista, a seguir descubriendo la magia en el camino! 

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